The Right to be Delusional. Towards a Theory of Emergence
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Abstract
While the Universal Declaration of Human Rights (1948) and numerous
other constitutions, international treaties and declarations proclaim and protect
the right to freedom of religion, no documents, at the current time, appear to
either proclaim or protect the broader freedom that the freedom of religion
belongs to – the right to be delusional. This is not to, in any way, to denigrate any
particular religion or religious belief. Rather, it is to recognize that a multitude
of persistent religious beliefs represent a collective acceptance, by the human
species, of irrational cultural practices as a part of our meaning making process
and a fundamental aspect of our evolution. Why then, do irrational cultural practices not extend back to the individual? Why is it that individual irrational
practices are, in the vast majority of cases, condemned as forms of mental
illness or depression or insanity. Why do we condemn the irrational practices of
the individual, but honor and protect the irrational practices of groups?
Aunque la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948) y otras muchas constituciones, tratados internacionales y declaraciones proclaman y protegen el derecho a la libertad de religión, ningún documento, en la actualidad, parece proclamar o proteger la libertad más amplia a la que pertenece la libertad de religión: el derecho a delirar. No se trata, en modo alguno, de denigrar ninguna religión o creencia religiosa en particular. Se trata más bien de reconocer que una multitud de creencias religiosas persistentes representan una aceptación colectiva, por parte de la especie humana, de prácticas culturales irracionales como parte de nuestro proceso de creación de significados y un aspecto fundamental de nuestra evolución. ¿Por qué, entonces, las prácticas culturales irracionales no se extienden al individuo? ¿Por qué las prácticas irracionales individuales son, en la gran mayoría de los casos, condenadas como formas de enfermedad mental, depresión o locura? ¿Por qué condenamos las prácticas irracionales del individuo, pero honramos y protegemos las prácticas irracionales grupales?
Aunque la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948) y otras muchas constituciones, tratados internacionales y declaraciones proclaman y protegen el derecho a la libertad de religión, ningún documento, en la actualidad, parece proclamar o proteger la libertad más amplia a la que pertenece la libertad de religión: el derecho a delirar. No se trata, en modo alguno, de denigrar ninguna religión o creencia religiosa en particular. Se trata más bien de reconocer que una multitud de creencias religiosas persistentes representan una aceptación colectiva, por parte de la especie humana, de prácticas culturales irracionales como parte de nuestro proceso de creación de significados y un aspecto fundamental de nuestra evolución. ¿Por qué, entonces, las prácticas culturales irracionales no se extienden al individuo? ¿Por qué las prácticas irracionales individuales son, en la gran mayoría de los casos, condenadas como formas de enfermedad mental, depresión o locura? ¿Por qué condenamos las prácticas irracionales del individuo, pero honramos y protegemos las prácticas irracionales grupales?







